Una historia repetida

Revista obrera «Causa Proletaria», Octubre de 1996

Después de 40 años, el discurso de la clase dominante y la lucha de la clase trabajadora no cambian. Nuestros lectores encontrarán interesante revisar este artículo que reproducimos a continuación. Corresponde a la revista obrera “Causa Proletaria” de octubre de 1996:

“…En noviembre de 1981 la política del pacto social recorría el país y en un diario de la capital se precisaba así:

‘Para lograr el crecimiento de la economía y el aumento de la producción y de la productividad se debe fomentar la producción, flexibilizar la contratación laboral y aumentar la eficiencia de la economía, expresó el Presidente de la Cámara de Comercio de Quito, Juan Bernardo León. […] Aconsejó que para incrementar los puestos de trabajo y para mejorar el nivel de ingresos de la familia se debe flexibilizar el actual régimen laboral, permitiendo nuevas modalidades de contratación sin recargos para fines de semana, turnos nocturnos o por horas o días…’

Quince años han pasado y el conjunto empresarial no logra hacer propuestas al movimiento obrero sobre su definición de pacto social. Esto es lógico, los intereses son completamente antagónicos, los trabajadores reclaman sus derechos, defienden la soberanía y enfrentan la privatización.

Hay dos concepciones respecto de las vías de desarrollo, los patrones impulsan la desnacionalización, desindustrialización y apoyan la política de mercado abierto de los Estados Unidos; los trabajadores reclaman desarrollo, progreso, soberanía y consideran que el desarrollo es posible a través del impulso de políticas proteccionistas para la implantación, crecimiento y mejoramiento de nuestra industria…” [Hasta aquí la cita]

Ahora, ya han pasado 40 años desde las declaraciones del representante del empresariado; aplicaron sus medidas, se condonaron impuestos mientras se lo aumentaron a los trabajadores, no industrializaron al país, y siguen exigiendo más flexibilización, menos impuestos a las empresas y más impuestos a los trabajadores, y privatización de los negocios del Estado. Su hambre no tiene medida y no tienen sangre en el rostro.

Hoy, igual que en 1996 y en 1981, los trabajadores debemos luchar por nuestros derechos, por la soberanía  y  el desarrollo.

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